Hola.
Esto va a sonar radical. Pero necesito que lo escuches.
Si la revolución industrial nos ha hecho débiles, la revolución de la inteligencia artificial nos hará imbéciles.
No a todos. A la mayoría. Y la mayoría de la gente a la que le diga esto le va a dar exactamente igual. Van a caer en lo mismo que cayeron con las redes sociales. En lo mismo que cayeron con el confort de la era industrial.
Pero si estás leyendo esto, es posible que tú no quieras ser parte de esa mayoría.
Vamos a desmenuzarlo juntos.
I. Lo que le pasó a nuestros cuerpos
Piensa en tu bisabuelo.
El mío vivía en Galicia hace apenas tres generaciones. Tres generaciones. Eso no es nada en términos evolutivos. Pero su vida era radicalmente diferente a la mía.
Mi bisabuelo no tenía nevera. No tenía coche con calefacción en el asiento. No tenía ascensor ni aire acondicionado ni supermercados a trescientos metros. Todo lo que hacía requería usar su cuerpo. Caminar. Cargar. Construir. Pelear si hacía falta.
La diferencia entre mi bisabuelo en una aldea gallega y cualquier hombre que viviese en la Amazonia o en las estepas de Mongolia era mínima. Todos ellos vivían una vida ancestral, la misma vida que había vivido la humanidad durante miles de años.
Y luego, en apenas cien años, todo cambió.
La revolución industrial fue la revolución del confort. Todo lo que era difícil se hizo fácil. Lo que requería esfuerzo físico se mecanizó. Lo que exigía presencia se automatizó.
Ahora tenemos coches que nos calientan el culo por la mañana mientras vamos a una oficina donde nos sentamos ocho horas. Tenemos comida procesada que llega a nuestra puerta con un click. Tenemos entretenimiento infinito que no requiere movernos del sofá.
Y nuestros cuerpos han respondido a ese entorno exactamente como cabría esperar.
II. La testosterona como síntoma
Hay un dato que compartí hace poco en una cena y nadie lo conocía. Me sorprendió, porque a mí me parece fundamental para entender lo que nos está pasando.
La testosterona en los varones ha descendido un 25% en los últimos 17 años. Un 48% en los últimos 50.
Leíste bien. Casi la mitad.
Un estudio publicado en el American Urological Association analizó datos de más de 4.000 hombres jóvenes entre 1999 y 2016. La media de testosterona total bajó de 605 ng/dL en 1999 a 451 ng/dL en 2016. Y lo más preocupante: este descenso se observó incluso en hombres con peso normal.
No es solo obesidad. No son solo los microplásticos. Es algo más profundo.
La testosterona es la hormona que le dice al hombre: sal ahí, caza, apareate, forma una familia, construye algo, protege lo tuyo, pelea si hace falta. Es la hormona del ir a hacerlo.
Y está desapareciendo.
Porque cuando le das todo hecho a un organismo, ese organismo deja de producir lo que necesitaba para conseguirlo por sí mismo.
Somos como mascotas. El hombre mascota, le llamo yo. Perros domésticos que ya no cazan, que reciben la comida en el cuenco, que no necesitan pelear por nada.
""La abundancia es más difícil de manejar que la escasez.""
— Nassim Nicholas Taleb, Antifragile
III. Dos líneas evolutivas que no van al mismo ritmo
Hay algo que me ayuda a entender lo que está pasando. Piensa en dos líneas paralelas.
La primera es la evolución biológica. La del ADN. La del carbono. La de lo físico. Esta línea se mueve muy, muy despacio. Miles de años para cambios significativos. Nuestros cuerpos son básicamente los mismos que los de los humanos de hace 50.000 años.
La segunda línea es la evolución cultural. La del lenguaje. La de la transmisión de conocimiento. Esta línea se ha acelerado brutalmente en los últimos siglos. Primero la imprenta. Luego el teléfono. Luego internet. Ahora la inteligencia artificial.
El problema es que la segunda línea está corriendo a una velocidad que la primera no puede seguir.
Le hemos cambiado el entorno al ser humano demasiado rápido. Dos generaciones en la línea biológica no es nada. Ningún cambio evolutivo sucede tan rápido. Pero el entorno ha cambiado radicalmente.
Y el cuerpo está gritando: ¿qué está pasando aquí?
IV. De los músculos al cerebro
Si la revolución industrial fue la revolución de lo físico, donde todo lo que se hacía con el cuerpo pasó a hacerlo una máquina, la revolución de la inteligencia artificial es la revolución de lo cognitivo.
Todo lo que se hacía con el cerebro puede empezar a hacerlo un sistema.
Pensar. Analizar. Decidir. Crear. Escribir. Resolver.
La pregunta no es si esto va a pasar. Ya está pasando.
Un estudio reciente de Frontiers in Psychology introduce el concepto de "cognitive offloading disruptivo": cuando delegamos tanto en sistemas externos que perdemos la capacidad de control mental interno. Los investigadores identifican tres niveles de delegación cognitiva: asistiva (la herramienta te ayuda), sustitutiva (la herramienta hace por ti) y disruptiva (la herramienta reemplaza tu capacidad de hacerlo).
El tercer nivel es el peligroso. Cuando ya no puedes hacer lo que la herramienta hace por ti.
Y ya lo estamos viendo. Un estudio del MIT encontró que los estudiantes que usaban IA para escribir mostraban menor conectividad neural, peor retención de memoria y una sensación más débil de autoría sobre su propio trabajo. Como decían los investigadores: "Los usuarios pueden lograr fluidez superficial pero fallan en internalizar el conocimiento o sentir propiedad sobre él."
Eslen Delanogare, un neurocientífico brasileño, lo resumió de una manera que me parece brillante:
"La IA será para el cerebro lo que las tecnologías de transporte fueron para el cuerpo. Igual que nos volvimos físicamente sedentarios y ahora necesitamos reservar tiempo para ejercitar nuestros cuerpos, nos volveremos mentalmente sedentarios y tendremos que entrenar nuestros cerebros."
V. Lo que pasó con las redes sociales
Mira lo que ya pasó con las redes sociales.
Vino una tecnología que prometía conexión. Y lo que nos dio fue la sociedad más sola de la historia. Más individualista. Más fragmentada.
Prometían acercarnos y nos alejaron. Prometían comunidad y crearon burbujas. Prometían información y entregaron ruido.
Pero aquellos algoritmos eran bebés comparados con lo que viene.
Las redes neuronales actuales tienen una capacidad que se acerca o supera a la inteligencia humana en muchas tareas. Y las empresas detrás de ellas saben exactamente lo que hacen.
¿Por qué crees que ChatGPT te da tanto la razón? ¿Por qué te dice que tu idea es genial aunque sea mediocre? Porque han leído los mismos libros de psicología que tú y yo. Saben que a la gente le gusta que le digan que sí. Saben que eso genera retención.
Y la retención es el juego.
OpenAI no es una ONG. No están ahí para hacerte más listo. Están ahí para que uses su producto. Para que vuelvas. Para que dependas.
Quieren que estés en la plataforma. Quieren que consumas.
VI. Lo que está pasando ya
Otro dato que me parece muy revelador.
En Estados Unidos, entre el 80 y el 90% de los jóvenes entre 18 y 24 años nunca se han acercado a una mujer en persona con intención romántica.
Piensa en eso.
Están viendo todo el día imágenes de mujeres en sus pantallas. Todo el día estímulos. Pero el estímulo real no está sucediendo. Es como estar conectado a la Matrix recibiendo señales que tu cuerpo interpreta como reales, pero sin que pase nada de verdad.
Y el cuerpo dice: algo no cuadra aquí.
Estamos creando una generación que recibe los estímulos sin la acción. Que ve el sexo sin el contacto. Que observa la aventura sin el riesgo. Que consume el contenido sin crearlo.
VII. La bifurcación
Pero aquí viene lo interesante.
Si miras una foto de una playa en Estados Unidos en los años 60, todo el mundo tenía un físico medio. Gente normal. Ni obesa ni atlética. Simplemente normal.
Ahora tienes una distribución bimodal. Por un lado, un 80% de obesidad. Por otro, gente que parece atleta olímpico.
¿Qué pasó?
Pasó que una parte de la población despertó. Dijo: no me vais a hacer esto. No me vais a llenar el supermercado de azúcares y harinas para inflarme y hacerme adicto. Voy a cuidarme. Voy a ir al gimnasio. Voy a conectar con mi cuerpo ancestral.
Y esa gente compensó. Creó una energía de compensación contra el entorno.
Mientras la mayoría siguió el camino del mínimo esfuerzo, una minoría entendió que tenía que crear resistencia artificial para mantener lo que antes venía por defecto.
""La dificultad es lo que despierta al genio.""
— Nassim Nicholas Taleb, Antifragile
VIII. El posicionamiento clave
Lo mismo va a pasar con la inteligencia artificial. De hecho, ya está pasando.
La mayoría va a delegar su pensamiento en estos sistemas. Va a dejar de leer porque la IA resume. Va a dejar de escribir porque la IA redacta. Va a dejar de pensar porque la IA analiza.
Y una minoría va a decir: no.
Esa minoría va a usar la IA como herramienta, no como sustituto. Va a mantener el esfuerzo cognitivo donde importa. Va a crear, no solo consumir.
Yo descubrí la clave de esto cuando tenía 11 años. Un amigo me instaló un videojuego y al rato de jugar le pregunté: oye, ¿y cómo se hace esto?
Me entró curiosidad por el proceso de creación. No por el consumo del producto.
Esa curiosidad ha definido toda mi vida. Mi relación con la música. Con la tecnología. Con las redes sociales. Y ahora con la inteligencia artificial.
El posicionamiento fundamental es: creador, no consumidor.
IX. Los dispositivos no son iguales
Hay algo que no todo el mundo ve.
Una tablet o un móvil están diseñados para el consumo. La manera en que los usas, con los pulgares, tumbado en el sofá, todo está optimizado para recibir.
Un ordenador está más diseñado para crear. Para el input, no solo el output. Para que tú produzcas algo.
Si le das una tablet a un niño, lo más probable es que consuma. Si le enseñas a usar un ordenador para crear, puede pasar algo diferente.
El dispositivo importa. Pero más importa la intención.
¿Estás usando la tecnología para producir o para recibir?
X. La energía de compensación
Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos vamos al monte a vivir como ermitaños?
Hay una manera de vivir en este mundo ultratecnológico sin perder lo que nos hace humanos. Se llama crear energías de compensación conscientes.
Yo lo hago a tiempo real. Esto que te cuento no es teoría que leí en un libro. Es cómo vivo.
Tengo una vida muy ancestral en lo físico. Practico deportes de riesgo. El último año me rompí el hombro derecho haciendo enduro. Tengo cicatrices por todos lados. Hace dos años y medio me rompí tibia y peroné.
No lo hago por masoquismo. Lo hago para conectar con el Pablo ancestral. Con el Pablo de mi bisabuelo. Con mis antepasados.
Porque si voy a vivir esta vida ultratecnológica y dejo atrás mi biología, ahí es donde empieza el glitch. Ahí es donde el cuerpo y la mente empiezan a decir: algo no funciona.
El gimnasio no es un hobby para mí. Es medicina preventiva. Es la resistencia artificial que mi cuerpo necesita porque el entorno ya no se la proporciona.
Y lo mismo aplica a la mente.
Leo libros largos a propósito. No porque no pueda pedir un resumen a la IA. Puedo. Pero el resumen no es lo mismo. El proceso de leer, de masticar las ideas despacio, de perderme en párrafos y volver atrás, eso es el ejercicio. Eso es lo que mantiene la capacidad.
Escribo a mano ideas antes de pasarlas al ordenador. No porque sea más eficiente. Es menos eficiente. Pero la conexión entre mano y cerebro construye algo que el teclado no construye.
Resuelvo problemas mentalmente antes de preguntarle a la IA. No siempre llego a la respuesta correcta. Pero el intento es el entrenamiento.
Estas no son manías de viejo nostálgico. Son estrategias de supervivencia cognitiva.
XI. Lo que viene
Soy un hombre de fe. No de fe religiosa necesariamente, sino de fe en que vamos hacia algún sitio.
Creo que estamos en una especie de parto. Y el parto es difícil. Es doloroso. Pero del otro lado hay algo nuevo.
No creo que la humanidad esté condenada. Creo que estamos en un momento de selección. Un momento donde cada persona tiene que decidir qué tipo de humano quiere ser.
¿El que delega todo y se atrofia?
¿O el que usa las herramientas para amplificarse mientras mantiene su esencia?
Las ideas que te estoy compartiendo no son para la mayoría. La mayoría probablemente ya dejó de leer hace rato. Pero si tú sigues aquí, es porque intuyes lo mismo que yo.
Que podemos navegar esta transformación desde la consciencia. No como zombies que no se enteran de nada. No como víctimas del cambio. Sino como agentes activos de nuestra propia evolución.
XII. Tu siguiente paso
A partir de ahora, cada vez que uses una herramienta de IA, hazte esta pregunta:
¿Estoy creando o estoy consumiendo?
¿Estoy usando esto para amplificar mi pensamiento o para reemplazarlo?
¿Voy a recordar esto mañana o solo estoy externalizando mi memoria?
Porque la diferencia entre los que salgan fortalecidos de esta revolución y los que salgan debilitados no va a estar en las herramientas que usen. Va a estar en cómo las usen.
Los gimnasios están llenos de máquinas. Pero las máquinas no te hacen fuerte. El esfuerzo te hace fuerte. Las máquinas solo te permiten dirigir ese esfuerzo de manera más precisa.
Con la IA va a pasar lo mismo.
La herramienta no te hace más inteligente. El pensamiento te hace más inteligente. La herramienta solo te permite dirigir ese pensamiento de manera más eficiente.
Si delegas el esfuerzo, pierdes el beneficio.
XIII. El pacto
Te voy a hacer una promesa.
Este canal, esta newsletter, este espacio, va a ser siempre un lugar donde comparto mis ideas, mis métodos, mis mapas y guías. No como el sabio del pueblo que tiene todas las respuestas. Sino como un compañero que está caminando el mismo sendero.
Cuando tenga éxito con algo, lo compartiré. Cuando fracase, también lo compartiré. Como he hecho siempre.
Porque esto no va de tener la fórmula mágica. Esto va de navegar juntos un territorio que nadie ha explorado antes.
Vamos a asegurarnos de que la IA no nos haga imbéciles.
Creadores, no consumidores.
Bienvenidos a esta nueva era.Hoy he subido un video hablando sobre sobre este tema...si te apetece verlo aquí lo tienes.
