Hola.
Hay una imagen que me persigue desde hace semanas y necesito compartirla contigo.
Piensa en tu tío, tu padre, o ese conocido que lleva treinta años haciendo lo mismo. El que tiene un título colgado en la pared, un puesto estable, una hipoteca pagada. El que siguió todas las instrucciones al pie de la letra.
Ahora imagina que llega una riada.
Una riada puede ser un despido masivo. Puede ser una tecnología que hace obsoleta tu profesión de la noche a la mañana. Puede ser un cambio de mercado que nadie vio venir. Y esa persona, la que lo hizo todo bien, la que siguió todas las reglas, tiene cemento en los pies.
No puede moverse.
No es que no quiera. Es que no sabe cómo. Nunca aprendió. Nunca tuvo que hacerlo. El sistema le prometió que si seguía las instrucciones, todo iría bien. Y durante mucho tiempo, el sistema cumplió esa promesa.
Pero el sistema ha cambiado. Y nadie le avisó.
I. La metáfora del pianista
Mi tío es pianista. Profesional, de los buenos. Es increíble verlo tocar con una partitura delante. Sus dedos vuelan sobre las teclas, cada nota perfecta, cada silencio en su sitio exacto. Años de conservatorio, de técnica pulida, de repetir escalas hasta que los dedos se movían solos.
Pero hay algo curioso: quítale la partitura y no sabe tocar.
No es que toque mal. Es que literalmente no puede tocar. Se queda bloqueado. Se paraliza. Toda su vida ha aprendido a leer notas, a seguir instrucciones, a ejecutar lo que otros escribieron. Toca con la cabeza, no con el corazón. Toca con lo que le enseñaron, no con lo que siente.
Y aquí está la cosa: durante décadas, eso funcionó perfectamente.
Nuestros abuelos cogían la partitura que les daban sus padres y tocaban la misma música. Iban al colegio, obedecían, conseguían un título, entraban en una empresa, y se jubilaban en esa misma empresa cuarenta años después. Sus hijos hacían lo mismo. Y la música sonaba bien. El plan funcionaba porque el mundo cambiaba despacio. Tan despacio que una generación podía vivir con las mismas reglas que la anterior.
Mi padre podía darme consejos sobre su experiencia porque su experiencia era aplicable a mi realidad. Los oficios se heredaban. El conocimiento se pasaba de padres a hijos. La partitura funcionaba.
Pero eso se acabó.
La generación en la que vivo yo es completamente diferente a la que va a vivir mi hijo dentro de diez años. Y es completamente diferente a la que vivió mi padre. Los referentes ya no valen. Las partituras están obsoletas antes de que termines de aprenderlas. Lo que aprendes en primero de carrera puede ser irrelevante cuando te gradúes.
Ahora necesitamos convertirnos en otra cosa.
Necesitamos convertirnos en pianistas de jazz.
II. Lo que tiene un músico de jazz que no tiene un clásico
Un músico de jazz no ignora la técnica. La conoce. La domina, incluso. Pero no se aferra a ella.
La diferencia es sutil pero fundamental. El músico clásico ejecuta. El músico de jazz responde. El clásico sigue instrucciones. El de jazz escucha lo que está pasando a su alrededor y reacciona en tiempo real.
Escucha desde dentro. Se deja llevar. Fluye. Y esto puede sonar un poco hippie, lo sé, pero es exactamente lo que está pasando. El jazz es el arte de responder a lo que está pasando ahora mismo, no a lo que debería pasar según la partitura.
Herbie Hancock, uno de los grandes pianistas de jazz de la historia, lo expresó así: "El jazz trata acerca de estar en el momento presente." No se trata de lo que ensayaste ayer ni de lo que tienes planeado para mañana. Se trata de lo que está pasando ahora mismo, en este instante, y de tu capacidad para responder a ello.
Pero hay otra cita que me parece aún más reveladora. Es de Bruce Lee, que no era músico pero entendió esto mejor que nadie:
"No te establezcas en una forma, adáptala y construye la tuya propia, y déjala crecer. Sé como el agua. Vacía tu mente, sé amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza se convierte en la taza. Si la pones en una botella se convierte en la botella. El agua puede fluir o puede chocar. Sé agua."
La pregunta es: ¿eres agua o eres cemento?
Porque mira, somos la primera generación de la historia que se enfrenta a un futuro cambiante a esta velocidad. Cualquier plan universitario, cualquier consejo de tu padre sobre lo que a él le funcionó, cualquier certeza que te vendieron, tiene fecha de caducidad. Y esa fecha cada vez es más corta.
No digo que el conocimiento técnico no valga. Claro que vale. Pero el conocimiento técnico sin flexibilidad es como saber todas las notas pero no poder tocar sin partitura. Te convierte en un ejecutor muy competente de instrucciones que ya no sirven.
III. Por qué hay tanta ansiedad (y tanta falsa certeza)
Fíjate que es curioso: en la época de mayor incertidumbre de la historia, todo el mundo parece tener la solución.
Abre cualquier red social y encontrarás a alguien diciéndote "las cinco claves para el éxito", "el secreto que nadie te cuenta", "haz esto y tu vida cambiará". Todo el mundo va de experto. Todo el mundo tiene certezas. Todo el mundo te vende un método infalible.
Y tiene sentido. Cuando hay tanta incertidumbre, la gente busca certezas desesperadamente. El que te vende certeza en tiempos de caos te está vendiendo exactamente lo que quieres escuchar. Es el producto perfecto. El problema es que es mentira.
Yo borré todo lo que tenía en mi canal porque me di cuenta de que había caído en esa trampa.
Estaba comunicando desde la certeza porque así es como se supone que tienes que hacerlo. Vas a un podcast y tienes que ser el experto. Tienes que decir "yo te voy a enseñar las tres claves" cuando la realidad es que no sé nada. Soy el mayor aprendiz del mundo. El mayor pringado. Pero lo que sí estoy es despierto.
Y lo que sí he hecho es vivir al límite toda mi vida. Llevar tocando en modo jazz desde que tengo memoria.
He sido atleta y he sido drogadicto. He estado en el fondo de la depresión y en el pico de la vida. He cenado en hoteles de Mykonos con modelos y he dormido en mi coche en Los Ángeles sin saber cómo iba a comer al día siguiente. He estado tirado en un sofá en Madrid preguntándome qué coño estaba haciendo con mi vida.
No tengo un método porque no existe un método para la improvisación.
Lo que sí tengo son cicatrices de haber jugado la vida en nivel experto. Y esas cicatrices generan ideas. Modelos. Intuiciones que ahora me funcionan y que puedo compartir contigo. No como verdades absolutas, sino como lo que son: cosas que a mí me han servido y que quizás te sirvan a ti también.
IV. El problema de identificarte con tu etiqueta
Cuando me mudé a Los Ángeles por primera vez, me sorprendió algo.
La gente se presentaba con su trabajo. "Hola, soy abogado." "Hola, trabajo en finanzas." Una vez, un tío en una cena me dijo su sueldo en los primeros treinta segundos de conocernos. Su sueldo. Como si eso fuera su identidad. Como si no existiera nada más que decir sobre él.
Y en cierto modo, tiene sentido. Porque en sociedades ultracapitalistas, tu profesión es tu chapita social. Es quien eres. "Soy Luis y soy ingeniero." "Soy María y soy arquitecta." El título que conseguiste en la universidad se convierte en tu etiqueta permanente. En tu definición. En la respuesta a "¿quién eres?".
El problema es que en un mundo que cambia cada dos años, esa identificación se convierte en tu prisión.
Piénsalo así: si tu identidad está pegada a tu título, ¿qué pasa cuando ese título deja de tener valor? ¿Qué pasa cuando la IA puede hacer en segundos lo que tú tardabas semanas en hacer? ¿Qué pasa cuando tu sector entero desaparece?
La gente con cemento en los pies dirá "esto no puede pasar" hasta que pase. Dirá "yo soy abogado, no puedo ser otra cosa" hasta que no le quede más remedio. Y entonces será demasiado tarde para aprender a improvisar.
Es como si le dijeras a mi tío: "Oye, se ha acabado la música clásica, ahora solo hay jazz." ¿Qué hace? No sabe tocar sin partitura. Nunca aprendió. Nunca tuvo que hacerlo. Lleva toda la vida siendo el mejor ejecutor de partituras del mundo, y de repente las partituras no valen nada.
Yo he mutado tres o cuatro veces en mi carrera. He pasado de DJ a productor, de productor a empresario tecnológico, de tecnología a lo que hago ahora. Y cada vez que mutaba, sentía que estaba empezando de cero. Sentía que tiraba a la basura años de trabajo.
Cuando cambié de la música a la tecnología, le decía a mi mujer: "Cariño, estoy empezando de cero. No tengo ni idea de esto. Soy un novato y tengo 33 años y tenemos que comer. Estoy seguro de que la estoy cagando."
Y ella me dijo: "No, yo te veo. Esto es lo que te gusta. Esto es lo que quieres. Si lo persigues con fuerza, lo conseguirás."
Y así fue. Pero no porque siguiera un método. Sino porque me dejé llevar.
V. Las buenas noticias: tu valor no está en la etiqueta
Aquí viene lo que descubrí y que quiero que te lleves. Porque hasta ahora todo ha sonado un poco apocalíptico, y no es mi intención asustarte. Es mi intención despertarte.
Cuando me dejé llevar y empecé a improvisar en tecnología, me di cuenta de algo increíble: el 80% de lo que había aprendido en la música seguía conmigo.
Las habilidades de comunicación que desarrollé presentando en escenarios. La gestión de equipos que aprendí organizando giras. La creatividad que entrenaba componiendo música. La capacidad de resolver problemas bajo presión que cultivé en directo, cuando algo fallaba y había dos mil personas mirándote. Todo eso viajó conmigo.
La etiqueta, el título de "DJ y productor", eso era solo un 15% o un 20%. Un envoltorio. Un nombre que le ponía a un conjunto de habilidades mucho más amplio y transferible. Pero lo que realmente me permitía moverme de un sitio a otro no era la etiqueta, sino lo que había debajo.
Tu valor no se queda estancado con tu título. Tu valor está en ti.
La IA no te va a quitar a ti. Te va a quitar tu título, tu trabajo específico, la tarea concreta que hacías. Pero no te va a quitar lo que eres. No te va a quitar tu capacidad de aprender, de adaptarte, de conectar con otros, de resolver problemas que todavía no existen.
Yo aprendí esto a las duras, te lo prometo. No creas que me hago aquí el sabio porque he leído muchos libros. Me tocó descubrirlo con el agua al cuello, cuando no tenía más remedio que reinventarme o hundirme.
VI. Por qué esto es tan difícil (y qué puedes hacer)
Lo que pasa es que cuando llevas toda la vida siguiendo la partitura, es muy difícil desarrollar ciertas habilidades. El coraje, por ejemplo. La capacidad de vivir en la incertidumbre. De no saber cómo vas a pagar el alquiler el mes que viene y seguir adelante de todas formas.
Piénsalo: desde pequeño te han dicho que después de A va B. Después de B va C. Después de C, al recreo. Después del recreo, vuelve a entrar. Ahora levanta la mano. Pide permiso para ir al baño. Coge el título. Busca trabajo. Cuando llevas tanto tiempo siguiendo la partitura, los músculos de la improvisación se atrofian.
Yo he vivido mucho más tiempo de mi vida sin saber cómo iba a pagar el alquiler que sabiéndolo. Para mí, la incertidumbre es lo normal. Es mi zona de confort, por raro que suene. Entiendo que para la mayoría no es así. La mayoría tiene hipotecas, sueldos fijos, pagos a plazos. "Quiero esta televisión, no tengo el dinero, la pongo en 47 plazos."
Yo nunca he hecho eso en mi vida. No sé ni lo que es.
Y ahora, curiosamente, esa manera de vivir que parecía una locura, que parecía estar fuera del status quo, puede que se convierta en el nuevo status quo de supervivencia. Porque la gente que solo sabe tocar con partitura va a tener un problema muy gordo muy pronto.
Un ejercicio para empezar
Si esto te resuena y quieres empezar a entrenar el músculo de la improvisación, te propongo algo sencillo.
Coge un papel. Escribe arriba tu título profesional, tu etiqueta actual. "Soy ingeniero." "Soy profesora." "Soy comercial." Lo que sea.
Ahora, debajo, haz una lista de todas las habilidades que has desarrollado en ese trabajo que NO dependen del título. Habilidades transferibles. Cosas que podrías llevar a cualquier otro sitio.
¿Sabes gestionar proyectos? ¿Sabes comunicar ideas complejas de forma simple? ¿Sabes trabajar bajo presión? ¿Sabes negociar? ¿Sabes coordinar equipos? ¿Sabes aprender cosas nuevas rápido?
Esas habilidades son tuyas. No son de tu título. No son de tu empresa. Son tuyas. Y si mañana desaparece tu sector entero, esas habilidades se van contigo.
La etiqueta se queda. Tú te llevas lo que importa.
VII. Lo que viene
La gente que solo sabe tocar el piano con partitura, ¿sabes lo que va a pasar en los próximos años?
Van a mirar la partitura, van a ver que no sirve, y van a decir: "Pues se ha acabado el concierto." Literalmente. Eso es lo que está pasando. Y por eso hay tanto miedo con la IA quitando trabajos. Porque la gente confunde su trabajo con su identidad. Confunde la partitura con la música.
Pero la IA no te quita a ti. Te quita la partitura.
Y eso, aunque da miedo, es también una liberación. Porque significa que ya no tienes que tocar la música que escribieron otros. Puedes empezar a tocar la tuya.
Mi deseo para ti es que empieces a darte cuenta de que tu valor va mucho más allá de la etiqueta de tu trabajo. Que vayas soltando el lastre de identificarte con tu profesión. Porque en los próximos diez años, la sociedad va a mutar tan rápido que cualquiera que se atasque, que se emperreñe, que diga "yo soy esto y no puedo cambiar", va a quedarse con cemento en los pies mientras pasa la riada.
Te deseo flexibilidad.
Te deseo que escuches más a tu instinto y menos a tu cabeza.
Que empieces a practicar la improvisación. Aunque sea en cosas pequeñas. Aunque sea incómodo. Aunque no sepas lo que estás haciendo.
Que sigas lo que realmente está dentro de tu corazón, lo que resuena contigo de verdad. Porque si haces eso, tendrás mucha más capacidad de tener una vida de éxito real en un mundo en total aceleración.
No éxito de Lamborghinis y yates.
Éxito real. El que te deja dormir tranquilo. El que no te cambia la paz por dinero.
Una pregunta para terminar
Si mañana tu profesión desapareciera, si tu título dejara de valer, si todo lo que te enseñaron se volviera obsoleto, ¿quién serías?
¿Qué parte de ti sobreviviría?
Esa parte, la que no está en tu tarjeta de visita, la que no está en tu LinkedIn, la que no puedes poner en un currículum, esa es la que tienes que nutrir. Esa es la que tienes que desarrollar. Esa es la que te va a llevar al otro lado de la riada.
El resto es cemento.
Y el cemento, cuando llega el agua, no flota.Aquí en forma de video.
