Hola.
Hay una imagen que me persigue desde hace años.
Un renacuajo en un charco diminuto. Agua estancada. Vida predecible. Y de repente, uno de ellos decide salir. Tocar la arena. Explorar qué hay fuera de ese mundo líquido que siempre ha conocido.
Todos los demás renacuajos le dicen que está loco. Que la vida renacuaja es así. Que siempre ha sido así. Que quién se cree él para pensar que puede ser algo diferente.
Esta imagen no es solo una metáfora bonita. Es, literalmente, la historia de cómo hemos llegado hasta aquí. De un renacuajo primitivo hasta un ordenador cuántico. De una tribu con palos a civilizaciones de cemento y acero. El juego, sea lo que sea esto en lo que estamos, va de crecimiento. De transformación. De salir del charco.
Y yo he salido del charco varias veces en mi vida. No porque sea especialmente valiente, sino porque en algún momento el charco me dolía más que el miedo a lo desconocido.
Hoy quiero compartir contigo lo que he aprendido sobre este proceso. Porque estoy convencido de que tú también estás en un momento donde necesitas decidir: quedarte en el charco o saltar.
I. La ley que nadie te enseña
Hay un pensador que ha sido muy importante en mi vida en los últimos años. Se llama Terence McKenna, y tiene una frase que se ha convertido en una especie de ley fundamental para mí:
"La naturaleza ama el coraje. Haces el compromiso y la naturaleza responde a ese compromiso eliminando obstáculos imposibles. Sueña lo imposible y el mundo no te aplastará, te elevará. Este es el truco. Así es como se hace la magia. Tirándote al abismo y descubriendo que es una cama de plumas."
Cuando leí esto por primera vez, algo resonó muy profundo. Porque yo había vivido exactamente eso. No una vez. Varias veces.
Pero, ojo, no estoy hablando de pensamiento mágico. No estoy hablando de manifestación ni de atraer cosas con la mente. Estoy hablando de algo mucho más práctico y a la vez mucho más profundo.
Sea lo que sea esto en lo que estamos, una simulación, una creación divina, algo puramente físico y material, lo que está clarísimo es que va de crecimiento. Eso es innegable. Mires donde mires, la tendencia es hacia la complejidad, hacia la evolución, hacia transformarse en algo más.
Y si el juego va de eso, entonces el juego pide coraje. Porque sin coraje no hay crecimiento. Sin salir del charco no hay transformación.
Esta es la ley que nadie te enseña en el colegio. Que nadie te explica en la universidad. Que nadie menciona en las reuniones de empresa. Pero que está operando constantemente, debajo de todo.
II. Lo primero que pasa cuando decides salir
Vale, digamos que decides salir del charco. Que algo en ti dice: esto no me gusta, quiero algo diferente, me arriesgo.
Lo primero que sucede es que todo tu entorno reacciona de manera negativa.
Estoy seguro de que esto te ha pasado. A mí me ha pasado. Cada vez que he querido hacer un cambio importante, las personas a mi alrededor han reaccionado con resistencia. Con incredulidad. Con ese "pero tío, qué haces, si estás bien".
Es como la película de Zootrópolis. La conejita quiere ser policía y sus padres le dicen: pero hija, si los conejos siempre hemos sido recolectores de zanahorias. ¿Cómo vas a ser policía? Es imposible.
Cuando todo el mundo vive dentro de una partitura, bailando la misma música, y tú vienes y quieres improvisar, te miran como si estuvieras colgado de la cabeza. No puedes hacer eso. No está permitido. No es lo que se hace.
Este es el síntoma número uno de que posiblemente estás haciendo el movimiento correcto. Si el statu quo se cabrea contigo, si tu entorno reacciona con resistencia, es señal de que estás tocando algo importante.
Pero aquí hay una distinción crucial que quiero hacer.
No es lo mismo salir del charco que ser antisistema.
El antisistema se queda dentro del charco peleándose con los otros renacuajos. Dice que no le gusta el charco pero sigue ahí, protestando, quejándose, generando conflicto. Eso no es coraje. Eso es quedarse atrapado en el mismo juego de siempre, solo que enfadado.
Yo estoy hablando de algo completamente diferente. Estoy hablando del que se despierta y dice: vale, no quiero participar más en esto. Me salgo. Voy a diseñar mi propia salida del charco.
III. El dolor que separa a la mayoría
¿Qué pasa cuando empiezas a salir del charco?
Todo se ve horrible. Todo se ve muy difícil. Lo primero que sucede cuando sales de esa zona de confort es que toda tu memoria, todo lo que tu cuerpecito recuerda, todo lo que te enseñaron, de repente no vale.
Hay un tiempo que duele. Y por eso la mayoría de la gente lo deja.
Estamos en enero. Es época de resoluciones. Este año voy a cambiar mi físico. Este año voy a montar el negocio que quería. Este año voy a dejar esta relación que no me aporta nada. Voy a dejar de perder el tiempo con gente que me ancla al charco.
Todos tenemos cosas en la cabeza. Queremos mejorar nuestra vida. Pero la mayoría de la gente abandona estos propósitos. ¿Por qué?
Porque dan un pasito fuera del charco. Sienten ese dolor del cambio. Y dicen: bueno, se está bien en el charco. Me vuelvo detrás.
La analogía del cambio físico es perfecta para entender esto. Los que entrenáis lo sabéis. El que espera ir al gimnasio dos meses y parecer uno de esos modelos de Instagram se lleva una hostia de realidad. Ahora en enero los gimnasios están a reventar. Dame dos meses y mira cuánta gente queda.
Cuando intentas un cambio físico, lo primero que pasa es que duele. Los músculos duelen. El cuerpo protesta. Tu mente te dice que pares. Y la mayoría dice: paso, vuelvo a mi pancita, vuelvo a mi sofá, vuelvo a mi zona cómoda.
Ese dolor es muy fácil de aplicar a todo. Cambio profesional. Cambio de vida. Cambio de relaciones. Cambio de identidad. Los primeros momentos van a ser siempre duros.
Y aquí está la trampa.
La naturaleza hace lo contrario para el que vuelve al charco. Para el que vuelve, lo agarra más hacia el charco. Cuanto más intentas y lo dejas, más difícil se vuelve. Más resistencia estás creando. Cada vez que abandonas, estás entrenando el músculo de abandonar. Cada vez que vuelves al charco, el charco se hace más profundo.
IV. Cuando la naturaleza empieza a responder
Pero ¿qué pasa cuando no abandonas?
¿Qué pasa cuando usas el coraje como una ley fundamental de tu vida?
Magia. Literalmente, magia.
Yo en mi vida, con mi mujer, con mi vida personal antes incluso, he vivido la magia. No sé cómo llamarlo de otra manera.
Déjame que te cuente mi historia, porque creo que puede servir como ejemplo de lo que estoy hablando.
Yo empecé en un pueblo de Galicia. Empecé a pinchar en un bar, gratis, bueno mas bien un antro de mala muerte. Desde ahí, soñaba con ser un gran DJ del mundo.
Y acabé viajando por 22 países, tocando en los festivales más grandes del mundo.
¿Cómo?
Saliendo del charco. Una y otra vez. Sintiéndome un idiota. Fracasando. Volviendo a levantarme.
Por encima, yo tenía problemas de adicción. Tenía problemas familiares. Tenía problemas de todo tipo. Desde mi punto de partida, llegar a lo más alto era totalmente impredecible. Imposible, diría cualquiera de mi entorno. Nadie en un pueblo de Santiago de Compostela diría: no, claro, este chaval va a acabar pinchando en Las Vegas, va a conocer a sus ídolos, se van a convertir en sus amigos, va a hacer música con varios de los más grandes del mundo.
Pero pasó.
Y cuando digo magia, me refiero a esto. A que cuando te comprometes de verdad, cuando te tiras al pozo de espaldas, sin res, con los ojos cerrados, con fe máxima en ti mismo y en tu intuición, lo que encuentras abajo es una cama de plumas.
No quiero usar la palabra "manifestar" porque está muy tintada de todo este rollo de la manifestación superficial. Pero se entiende. Las cosas empiezan a crearse para ti. Aparecen oportunidades que parecían imposibles. Las piezas encajan de maneras que no podrías haber planificado.
V. Lo que notas cuando cruzas al otro lado
Lo primero que he notado en todas mis transformaciones es una sensación de: ah, vale, esto ya estaba en mí.
Cuando pasas de renacuajo a rana y saltas fuera del agua, pensabas que te ibas a volver loco. Que no ibas a saber qué hacer. Que ibas a estar perdido en un mundo nuevo sin las herramientas para sobrevivir.
Pero no. Ya estaba escrito en ti. Esas capacidades ya estaban ahí, esperando. Solo necesitaban el contexto adecuado para despertar.
Y luego, de repente, el entorno empieza a modificarse para facilitarte las cosas. Como si el universo dijera: ah, le has echado coraje, has salido del charquito, estás aquí. Toma. Toma. Toma.
Empiezas a recibir.
Y luego sucede la magia completa. De repente un día te levantas y tienes patas. Eres otro tipo de animal totalmente diferente. Has evolucionado. Y lo mejor es que puedes volver a hacerlo. Y volver a hacerlo.
En mi caso, yo podría identificar tres o cuatro transformaciones grandes donde he arriesgado lo que tenía para transformarme. Cambiar de país. Cambiar de identidad profesional. Cambiar de skillset, de lo que hago en mi día a día. Todo tipo de cambios.
Y en cada una de esas transformaciones he visto siempre los mismos patrones:
Primero, mi entorno me dice que no lo haga. Pero qué haces. Cómo. Si estás seguro. Si ya estás bien.
Cuando dejé la música, yo ya ganaba dinero. No era un DJ multimillonario, de esos de las revistas, pero vivía la vida que supuestamente era el sueño. Los Ángeles. Un apartamento de puta madre. Hoteles en Míkonos, en Las Vegas. Las mujeres. Las fiestas. Los camerinos. Todo eso lo tenía.
Y no me gustaba. No me sentía ganando. El charco, por muy bonito que pareciera desde fuera, no me hacía feliz.
Entonces claro, cuando la foto coincide con lo que culturalmente se supone que es "ganar", todo el mundo te dice que te quedes. Gente que ya no está en mi vida, obviamente eran malos actores, me decía: pero tío, quédate aquí, esto mola, esto es lo que mola.
Y cuesta mucho. Mucho. Pero cuando sales, la magia empieza.
De esas relaciones de plástico del mundo de la noche, de repente encontré a mi mujer. Una especie de unicornio. Dos carreras, haciendo una tercera. Sin redes sociales. Increíble en todos los sentidos. De esas personas que en mi mundo anterior no existían. Pero de repente estaba ahí.
Suceden milagros de este tipo.
De haber estado ganando algo de dinero viajando con la música, de repente hacerme pobre otra vez. Salir del charco de nuevo. Echarle coraje. Transformarme otra vez. Y ganar muchísimo más dinero del que había imaginado ganar en la música. Ni por diez.
VI. La naturaleza es muy lista
Hay algo que quiero dejarte muy claro.
La naturaleza sabe cuando estás saltando de verdad y cuando solo estás mojando el pie para ver qué pasa.
Si el renacuajo sale del lago, pongamos que no tiene pies pero nos entendemos, y moja un pie fuera, toca la arena y dice: bueno, voy a tocar la arena a ver qué pasa... La naturaleza es muy lista. Sabe cuando estás saltando y cuando estás haciendo el paripé.
Por eso tiene que ser de espaldas. Sin res. Con los ojos cerrados. Con fe máxima.
Cuando te tiras así, lo que encuentras abajo es una cama de plumas. Encontrarás magia. Magia de la naturaleza, de la creación, como quieras llamarlo. Cosas que parecían imposibles aparecerán.
Y yo me caigo un rayo ahora mismo si no soy prueba viviente de que eso es así.
Lo que esto significa para ti
Si estás leyendo esto, probablemente estés en algún tipo de charco. Todos lo estamos, en mayor o menor medida.
Quizás tu charco es un trabajo que ya no te llena. Quizás es una relación que se ha vuelto tóxica. Quizás es una identidad profesional que ya no te representa. Quizás es un lugar geográfico que te limita. Quizás es un grupo de amigos que solo te arrastran hacia abajo.
El charco puede parecer muchas cosas. Puede parecer incluso éxito desde fuera. Puede ser el apartamento en Los Ángeles, los festivales, las fotos perfectas. Y aún así, por dentro, saber que eso no es lo tuyo.
Lo que quiero que te lleves hoy es esto:
No tengo todas las respuestas. Yo también soy un iniciado en esto. Pero sí tengo la experiencia de haberlo hecho varias veces. De haber sentido el terror de saltar. De haber visto cómo todo parecía derrumbarse. Y de haber encontrado, al final, algo mucho mejor de lo que había dejado atrás.
Si algo puedo compartir aquí es mi experiencia. Y mi experiencia está totalmente de acuerdo con esa idea de que la naturaleza le gusta el coraje. De que el premio, cuando te tiras al pozo de verdad, es algo que ni siquiera podías imaginar.
Lo único que quiero es que no seas la mayoría. Que no abandones al primer dolor. Que cuando sientas ese miedo, en vez de volver al charco, des un paso más hacia adelante.
Porque al otro lado está la magia.
Y eso no es optimismo barato. Es una ley que he comprobado en mi propia vida, una y otra vez.
Seguimos...Aqui en video
