Hola.
Hay mucho porno de emprendedor en internet. Y a mí me toca las pelotas una barbaridad.
Estos memes motivadores de "tú puedes", "sé libre", "múdate a Bali", "come zumos de pera siete veces al día". En inglés lo llaman entrepreneurial porn, y es exactamente lo que parece: una fantasía que te excita pero que no tiene nada que ver con la realidad.
La realidad es que ser emprendedor es difícil. Ser la oveja negra, pasar del status quo, te va a dar bofetones en la cara todo el rato. Porque el sistema entero está diseñado para que seas como la mayoría. Entonces, ser la minoría, obviamente, es escoger el camino difícil.
Pero lo que no puede ser es que lo escojas y lloriquees todo el rato.
Hoy te voy a contar por qué te sientes ahogado haciendo diez trabajos a la vez, por qué la IA todavía no te ha salvado como prometía, y qué ha cambiado en las últimas semanas para que, por primera vez, la transición de hacerlo todo tú solo a dirigir un sistema que trabaje para ti sea una posibilidad real. No para frikis de la tecnología. Para ti.
I. La imagen que nos representa a todos
Tengo una imagen en la cabeza que creo que te va a resultar familiar.
Imagina a un tío en la calle tocando la batería con los pies, la guitarra con las manos, una armónica en la boca, un bombo en la espalda, platillos entre las rodillas y un pequeño mono encima del hombro haciendo percusión. El hombre orquesta.
Esa es la imagen que representa al emprendedor, al autónomo, al creativo, al que no siguió el plan predefinido de la sociedad para él.
Yo llevo desde los 17 años emprendiendo y mutando en diferentes negocios. Mi primero fue un estudio de grabación en Santiago de Compostela con 21 años. Después como DJ y productor, que básicamente es un producto digital donde tú eres todo: tu manager, tu diseñador, diriges tus vídeos, tu rodaje, eres el que conecta los cables y el que se queda hasta el final desmontando los CDJs. Todos los trabajos en uno.
En esa carrera incluso acabé teniendo un sello discográfico cuidando a dos artistas, haciendo de director de arte, director de marketing para campañas de otros productos, de otros videoclips, de otros músicos. Y luego mi época tecnológica: sin ser ingeniero, aprendí a mejorar mis habilidades con código, aprendí a hacer avatares 3D sin haber ido a la universidad, todo online. Y otra vez: con mi mujer, finanzas, legal, tecnología, diseño, branding, marketing, todo en uno. Todo dos personas.
Si le añades hijos, ya no te digo nada. Hombre orquesta con un pequeño monksin colgado en el cuello y con responsabilidades reales.
Y esto te pasa a ti también. Me da igual el sector en el que estés. Da igual que sea un sector más molón o menos molón. Al final estás con el agua hasta el cuello, haciendo 10 o 15 curros tú solo. Esa es la realidad del emprendimiento. Esa es la realidad de ser autónomo. Esa es la realidad de cualquiera que haya decidido salirse del carril marcado.
Si reconoces esa sensación de tener demasiados instrumentos en las manos y ninguno sonando del todo bien, sigue leyendo. Porque algo está empezando a cambiar de verdad.
II. El mundo ha subido los BPM
Pero el problema no es solo que hagas diez trabajos. El problema es que ahora tienes que hacerlos más rápido.
Si antes tocabas a 60 BPM (beats por minuto, para los que no vengan del mundo de la música), ahora tienes que tocar a 180. El tempo del mundo se ha triplicado. Todo va más rápido. Las decisiones, los plazos, las expectativas, la competencia, la cantidad de información que tienes que procesar cada día.
Paul Virilio, un filósofo francés que estudió toda su vida el impacto de la velocidad en la sociedad, lo llamó "dromología": la filosofía de la velocidad. Su idea central es que la velocidad no es un factor neutro, sino que es la fuerza que reorganiza todo. Quien controla la velocidad, controla el poder. Y si no controlas tu velocidad, la velocidad te controla a ti.
Y eso es exactamente lo que nos está pasando.
En un mundo acelerado, somos víctimas de la velocidad. Si quieres vivir en este mundo y no quieres escaparte del capitalismo (que es otra opción que tienes, por cierto), más te vale ir rápido. Es lo que hay. No es bonito, no es inspirador, pero es la realidad.
Y aquí es donde llega la IA con su gran promesa.
III. La promesa rota (o el empleado que te mete más trabajo)
La promesa de la inteligencia artificial era clara: vas a poder ser más productivo y liberar tu tiempo.
Suena genial, ¿verdad? Pero cuidado. Porque hay una dicotomía en esa promesa que casi nadie está señalando: la posibilidad de no acabar liberando tiempo, sino haciendo más por menos y convirtiéndote en un esclavo de más productividad.
Piénsalo. Si todo el mundo tiene acceso a las mismas herramientas, si todos vamos más rápido, al final tienes que trabajar siete veces más para conseguir lo mismo. Es una carrera de aceleración donde la meta se mueve al mismo ritmo que tú. Por no hablar ya de la inflación del dinero.
La promesa era que la IA iba a hacer nuestro trabajo mientras dormíamos. Y eso no acabó de pasar del todo. Solo un porcentaje muy pequeño de gente que empezó a usar la IA de una manera más profesional, lo que yo llamo inteligencia profesional, empezó a ver estos frutos. El resto está casi en un loop de confusión.
Y esto es lo que probablemente te ha pasado a ti. Has hecho cursos de IA. Has visto vídeos. Has probado herramientas. Pero al final del día, sigues siendo el hombre orquesta, solo que ahora con un instrumento más: la propia IA, que también tienes que aprender a tocar.
Porque seamos honestos. La mayoría de los famosos "empleados de IA" o "agentes de IA" te necesitan en el loop todo el rato. Tienes que estar pendiente. Revisar. Corregir. Volver a pedir. Y eso es el equivalente de contratar un empleado malo.
Te voy a poner una imagen que creo que vas a reconocer.
Es como cuando el amigo de tu padre te dice: "Oye, contrata a mi hijo, que no tiene trabajo, que no sé qué." Lo contratas. Le estás pagando un sueldo. Estás gastando tiempo en él. Y por encima es un matado. Sí, hace algunas cosas, pero la mayoría del tiempo la está liando. Entonces lo que te está haciendo es perder más tiempo a ti, porque tienes que estar todo el día encima de él para que no la cague.
Por lo tanto, básicamente es un loop horrible donde al final acabas con más trabajo del que tenías antes de "automatizar".
Y los que están enseñándote a usar estas herramientas, muchos de ellos no han montado una empresa en su vida. No tienen experiencia ninguna con este tipo de temas. Básicamente te están haciendo un agujero porque te están prometiendo unas cosas que ni ellos mismos han experimentado en sus propias carnes.
Ese es el estado real de las cosas. Y probablemente, si llevas tiempo intentando que la IA te quite trabajo de encima y no lo consigues, no es porque seas tonto. Es porque las herramientas hasta ahora no eran lo que prometían.
IV. Lo que ha cambiado (y por qué esta vez es diferente)
Pero algo ha pasado.
La semana pasada llegó algo muy especial al mundo. Moltbot. OpenClaw. Y de repente tenemos los primeros sistemas de IA que realmente hacen trabajo mientras duermes. Que realmente son capaces de automatizar casi todas las tareas que haces delante de un ordenador.
Hablé de esto en profundidad en la newsletter anterior con la langosta. Si no la leíste, el resumen es que estamos viendo por primera vez agentes de IA verdaderamente autónomos. Que no necesitan que estés ahí detrás diciéndoles qué hacer en cada paso. Que detectan lo que necesitan, van a buscarlo, lo implementan y te entregan el resultado.
Esto es cualitativamente diferente a todo lo anterior.
Antes tenías un asistente que sabía muchas cosas pero que no podía hacer nada por sí mismo. Ahora tenemos sistemas que aprenden solos, que se conectan a tus herramientas solos, que ejecutan tareas complejas de principio a fin sin que tengas que estar en el loop.
Y si sabes manejar ese tipo de sistemas agénticos, puedes empezar a ver verdaderamente una liberación de tu tiempo. De la de verdad. No de la de "ahorro 10 minutos al día porque ChatGPT me escribe los emails". De la de verdad.
Ahora, paramos aquí un segundo. Porque quiero ser honesto contigo.
V. Lo que no te voy a vender
Yo es un poco injusto que diga que esto ha sido mi caso recientemente, porque yo hace 3 años que ya soy hombre orquesta a un nivel alto de eficiencia. Incluso 10 años. ¿Por qué? Porque por mis skills y por lo que he cultivado desde que tengo 12 años, que llevo delante de un ordenador haciendo código, haciendo música, haciendo programación y 3D, tengo una comunicación muy rápida con los ordenadores. Mi capacidad de aprender a aprender es muy rápida.
Básicamente, yo hace ya varios años que tengo un nivel de eficiencia muy alto con la IA, donde hago mucho más que una persona normal en mucho menos tiempo.
Pero eso no importa. Lo que importa no soy yo. Lo que importa es que todos podamos hacerlo. Que la persona que está leyendo esto ahora mismo, que tiene 42 años, que lleva su negocio, que tiene dos hijos, que no tiene tiempo ni para rascarse, pueda también pasar de hombre orquesta a director de orquesta.
Y no me voy a poner aquí a decirte "es facilísimo, solo tienes que hacer tres cosas y tu vida cambia". Eso es el porno de emprendedor del que hablábamos al principio. Eso es mentira.
Lo que sí te voy a decir es que el momento tecnológico en el que estamos es único. Por primera vez, las herramientas están empezando a ser lo suficientemente autónomas como para que no necesites ser un friki de la tecnología para aprovecharlas. Y esa puerta que antes estaba cerrada para la mayoría, ahora se está abriendo.
VI. La transición: de tocar a dirigir
Mira, la diferencia entre un hombre orquesta y un director de orquesta no es que el director sepa más de música. A veces sabe menos que cualquiera de los músicos que tiene delante.
La diferencia es que el director sabe qué tiene que sonar, cuándo tiene que sonar y quién lo tiene que tocar. No toca ningún instrumento. Dirige. Tiene la visión del conjunto. Sabe cuándo los violines tienen que entrar suave y cuándo la percusión tiene que explotar.
Eso es lo que tienes que aprender a ser.
No necesitas tocar todos los instrumentos. Necesitas saber qué instrumentos necesitas, en qué orden tienen que sonar y quién, o qué, los toca por ti. Hoy, ese "quién" cada vez más puede ser un sistema de IA que realmente funciona.
Esto no va de aprender una herramienta más. Va de cambiar tu mentalidad de "yo lo hago todo" a "yo dirijo todo". Es un cambio profundo. Y es incómodo. Porque si llevas años haciendo todo tú solo, soltar el control da vértigo.
Pero piensa en esto: un hombre orquesta, por muy bueno que sea, nunca va a sonar como una orquesta de verdad. Y tú, por muy bueno que seas haciendo diez trabajos, nunca vas a hacerlos tan bien como si tuvieras un sistema dedicado a cada uno. El techo de cristal del emprendedor solitario no es el talento. Es el tiempo. Y el tiempo no escala.
Eso es exactamente lo que le pasa al profesional de 40-algo años que lee esto entre reunión y reunión. Sabes lo que tienes que hacer. Tienes las ideas. Pero no te da la vida. No es un problema de conocimiento. Es un problema de ejecución. Y no es un problema de ejecución porque seas vago, sino porque estás tocando demasiados instrumentos a la vez.
VII. Por qué la mayoría sigue atascada (y qué hacer al respecto)
Te voy a decir algo que quizás no quieras oír.
La mayoría de los cursos de IA están hechos por gente que no ha montado un negocio. Que no ha tenido que lidiar con clientes, con proveedores, con hacienda, con la logística de llevar una familia y un proyecto al mismo tiempo. Te están vendiendo un mundo de herramientas sin darte el contexto de para qué las necesitas.
Es como si te vendieran un curso de 47 herramientas para tu taller y nunca te preguntaran qué quieres construir.
Lo que de verdad necesitas no es más información sobre IA. Lo que necesitas es un sistema. Una forma de organizar tu trabajo donde la tecnología haga lo que la tecnología puede hacer y tú hagas lo que solo tú puedes hacer: pensar, decidir, conectar con personas, tener visión.
Y para eso estoy trabajando en algo muy especial.
Se llama Frontera. Lo llamo inteligencia profesional. Y lo vais a poder conocer dentro de muy poco.
La idea es simple: que todas estas habilidades que permiten pasar de hombre orquesta a director de orquesta estén a disposición de todos. De una manera fácil, democrática e incluso gratuita.
Esa es mi misión. Porque no puede ser que solo los que llevamos 20 años pegados a un ordenador podamos beneficiarnos de esto. Tiene que ser para todos. Para el consultor de 45 años que se siente obsoleto. Para la diseñadora de 38 que hace de contable, de community manager y de servicio de atención al cliente. Para el que montó su negocio con ilusión y ahora solo siente agotamiento.
VIII. El ejercicio del director de orquesta (5 minutos)
Vale, suficiente contexto. Vamos a lo práctico. Porque si has llegado hasta aquí, te mereces salir de este email con algo que puedas hacer hoy.
Este ejercicio lo llamo "la partitura del director". Cinco minutos. Un papel o las notas del móvil.
Paso 1: Lista tus instrumentos.
Escribe todos los roles que haces en tu trabajo. No los que deberías hacer, los que realmente haces. Marketing, contabilidad, atención al cliente, diseño, ventas, logística, redes sociales, emails, lo que sea. Todos. Sé honesto. La lista suele ser más larga de lo que esperamos.
Paso 2: Clasifica cada uno.
Pon al lado de cada rol una de estas tres letras:
- D = Director (solo lo puedo hacer yo: visión, estrategia, relaciones clave, decisiones importantes)
- M = Músico (lo hago yo pero podría hacerlo un sistema o alguien más)
- R = Ruido (ni siquiera debería existir, pero lo hago por inercia o por miedo a soltar)
Paso 3: Elige uno de los "M" y elimínalo esta semana.
No intentes automatizar todo a la vez. Elige uno. El que más tiempo te quite y menos valor aporte. Busca cómo delegarlo. A una herramienta de IA, a un asistente virtual, a un proceso automatizado, a lo que sea. Pero quítatelo de encima.
La clave no es la herramienta que uses. La clave es que rompas el patrón de "yo lo hago todo". Que experimentes la sensación de soltar un instrumento y que la música siga sonando. Porque la primera vez que eso ocurre, algo cambia en tu cabeza. Te das cuenta de que no necesitas tocar todos los instrumentos. Solo necesitas que la orquesta suene bien.
Y si alguien baja directo a esta sección sin leer lo de arriba: lo que te llevas hoy es que la diferencia entre ahogarte y navegar no es trabajar más horas. Es decidir qué dejas de tocar para empezar a dirigir. Haz el ejercicio de los tres pasos. Cinco minutos. Y esta semana, suelta un instrumento.
La orquesta empieza a sonar
Mira, si realmente quieres una vida que no es la de los demás, si realmente quieres formar parte de algo diferente, la vida del emprendedor, la vida del autónomo, la vida del creativo, la vida del que no siguió el plan predefinido, va a ser difícil. Eso no va a cambiar. Lo difícil es parte del paquete y no pasa nada.
Lo que sí puede cambiar es cómo gestionas esa dificultad.
Puedes seguir siendo el hombre orquesta que toca diez instrumentos mal mientras el mono del hombro le tira del pelo. O puedes empezar a convertirte en el director que sabe qué tiene que sonar y confía en que cada instrumento, humano o artificial, haga su parte.
Estamos en un momento tecnológico donde esa transición, que antes era solo para empresas con presupuesto o para frikis con décadas de experiencia técnica, empieza a ser posible para cualquiera.
No todo va a ser fácil. No todo va a funcionar a la primera. Y nadie te va a dar la varita mágica que hace que todo se resuelva mientras duermes. Pero sí te digo esto: la puerta se ha abierto. Y la diferencia la va a marcar quién decide pasar por ella y quién se queda mirando desde fuera, tocando la armónica con los pies.
Yo estoy construyendo algo para que pasar por esa puerta sea más fácil. Pronto lo vais a ver. Y mientras tanto, haz el ejercicio. Suelta un instrumento. Empieza a dirigir.
