Hoy no vengo con filosofía ni con frameworks. Hoy vengo con algo mucho más sencillo y mucho más difícil de contar: la verdad de lo que ha pasado en los últimos cuatro meses dentro de mi casa.
Esta es una carta. Una carta de agradecimiento, de transparencia y de algo que os debo: la historia real, sin filtro, de cómo dos personas han construido Frontera desde cero. Con todo lo que eso implica. Lo bueno, lo incómodo y lo que normalmente nadie cuenta.
Si os quedáis hasta el final, vais a entender exactamente por qué hemos tomado las decisiones que hemos tomado, qué hemos tenido que sacrificar, y cómo podéis aprovechar lo que hemos creado. Pero sobre todo, vais a ver que esto no es teoría. Es piel en el juego.
El movimiento se demuestra andando
Hay una frase que repito mucho y que probablemente algunos ya estéis hartos de leer: el movimiento se demuestra andando. Lo único que vale hoy en día es predicar con el ejemplo y la experiencia. Vivimos en un mundo tan impredecible y tan rápido que hacer de gurú o hacer de sabio es ridículo.
Pero esta vez no quiero que sea solo una frase. Quiero que veáis exactamente qué significa.
Jennice y yo educamos a nuestro hijo con una premisa muy clara: nosotros no somos nadie para imponerle nada más que buenos valores, buena educación, amor y, lo más importante, predicarle con el ejemplo. La gente se queja de que sus hijos están adictos al móvil cuando ellos están adictos al móvil. Y yo no soy el mejor padre del mundo, no os voy a vender eso, pero sí que sabemos que si queríamos hacer una persona decente teníamos que comportarnos de esa manera.
En los negocios sentimos igual. No hay otra forma de hacer esto que no sea haciéndolo.
Y si estáis leyendo esto entre reunión y reunión, cansados, con la sensación de que hay algo que queréis hacer pero no encontráis el momento, lo que os cuento hoy no es un sermón. Es un espejo. Porque nosotros también estábamos ahí. Y decidimos saltar.
Diciembre: la decisión que cambió todo
En diciembre tomé una de las decisiones más difíciles de mi carrera. Después de haber ganado mucho dinero con un infoproducto que monté, decidí dejarlo y empezar totalmente de cero con otro sistema. No porque fuera mal económicamente. Porque no estaba cómodo con lo que estaba haciendo.
Sé que suena a lujo. "Pues vaya problema, ganar dinero y no estar a gusto." Pero los que habéis pasado por algo parecido sabéis que no hay dinero que compense la incomodidad de saber que no estás siendo honesto con lo que representas. Varios de vosotros me habéis escrito exactamente eso: "Me iba bien económicamente pero no tenía paz." Lo sé. Lo he vivido.
Lo fácil para mí habría sido este año grabar 10 vídeos de una hora y venderlos por 2.500 euros otra vez. Dejar que los vendiese otra persona a través de promesas de que iban a cambiar tu vida, pagar un porcentaje y vivir tranquilo. Pero yo no valgo para eso. Ya no.
Y así nos pusimos a trabajar. Jennice y yo. Otra vez juntos. Como hace ocho años.
Queens, 2018: cucarachas y todo por hacer
Hace ocho años, Jennice y yo vivíamos en un apartamento con cucarachas en Queens, Nueva York. No teníamos dinero ni para comer. Literalmente. Los dos vivíamos allí, con todo por hacer y nada con qué hacerlo.
De ahí salió LightMade. De ahí salió nuestra primera empresa. De ahí salió todo.
Y cuando en diciembre decidimos que Frontera tenía que existir, volvimos a usar la misma plantilla. No la plantilla de un business plan ni la de un framework de Silicon Valley. La plantilla de siempre: tú y yo contra el mundo, cariño. A currárselo hasta que salga.
Puede que suene romántico. No lo es. Es agotador, es tenso, es vivir con la incertidumbre de no saber si va a funcionar mientras el dinero se acaba. Pero también es lo más honesto que sabemos hacer.
Si alguna vez habéis emprendido en pareja o habéis trabajado con alguien a quien queréis mucho, sabéis de lo que hablo. Es lo más difícil y lo más bonito al mismo tiempo.
Lo que nadie os cuenta de "emprender desde cero"
Vale, vamos a los números. Porque cuando alguien dice "hemos montado algo desde cero" puede significar muchas cosas. Yo quiero que sepáis exactamente qué significa en nuestro caso.
40 días de trabajo sin parar. No tuvimos Navidades. No nos fuimos de vacaciones. Hemos trabajado sábados, domingos, festivos. Jennice y yo teníamos una broma: íbamos a grabar una serie de vídeos trabajando, tipo reality, porque el ritmo era absurdo. Los tengo guardados. Igual algún día los saco.
Más de 200.000 líneas de código. Yo gestiono todo el desarrollo, toda la tecnología y la marca. La mayoría del código lo he escrito con Claude Code y agentes de inteligencia artificial. Lo que hace tres o cuatro años habría requerido un equipo de diez personas y cientos de miles de euros, lo he hecho yo solo.
Más de 400 funcionalidades programadas. Cada detalle de la plataforma, cada interacción, cada guía, cada automatización. Todo diseñado, pensado y construido desde nuestra casa.
Más de 200 piezas de contenido. Entre Instagram, redes sociales, newsletters. Todo en tres meses.
Todo entre dos personas. Jennice gestiona legal, administrativo, usando también herramientas de IA que le permiten hacer el trabajo de tres o cuatro personas. Y ser madre. Y cuidarnos al mismo tiempo. Yo soy capaz de hacer el trabajo de ocho o nueve personas, yo solo, gracias a cómo uso la inteligencia artificial como herramienta de multiplicación.
No os cuento esto para impresionaros. Os lo cuento porque quiero que veáis algo: es posible. Lo que antes solo podían hacer empresas con capital y equipo, ahora lo pueden hacer dos personas con visión, obsesión y las herramientas correctas. Esa es una de las cosas más poderosas de este momento que estamos viviendo, y es exactamente lo que enseñamos en Frontera.
Los sacrificios que no salen en el feed
Para poder centrarme al 100% en el desarrollo de Frontera, pausé mis clientes de LightMade en septiembre del año pasado. Eso significaba que, sabiendo que tardaríamos por lo menos cuatro o cinco meses en tener todo listo y otros tres o cuatro en que se convirtiera en un negocio real, necesitábamos por lo menos seis o siete meses de buffer donde no iba a haber ingresos.
Jennice y yo somos emprendedores jóvenes. No tenemos propiedades. No tenemos paro. No tenemos red de seguridad. Todos los meses hay que pagar alquiler. Todos los meses hay que aguantar. Y aunque sacar una plataforma al mercado con IA reduce muchos costes, sigue habiendo gastos. Pero sobre todo necesitábamos tiempo. Y para comprar ese tiempo, tuvimos que deshacernos de peso. De lastre. Lastre que nos costó muchísimo conseguir.
Vendimos nuestro coche. Un coche deportivo de casi un tercio de millón de euros. Lo compramos cuando tuvimos el primer boom de dinero con LightMade. Nos lo flipamos. Nos volvimos locos comprando todas las cosas materiales que siempre habíamos soñado. Era uno de los pocos restos de aquella época. Lo hemos malvendido, pero nos hacía falta ese dinero para aguantar este lanzamiento sin depender de nadie más. Ahora tenemos un coche de alquiler. No pasa nada.
Jennice vendió su reloj. Era lo único que nos quedaba de valor material. Yo vendí los míos hace cuatro años, cuando invertí en un proyecto que aún sigue en desarrollo. El suyo era el último. Y lo vendió sin dudarlo para que pudiéramos seguir adelante.
No me estoy quejando. Quiero que eso quede clarísimo. Tenemos una vida maravillosa. Somos unos privilegiados. Desde que fundamos LightMade la vida nos ha respondido con muchísimo éxito económico y tenemos la suerte de poder dar una vida privilegiada a nuestro hijo.
Pero hay algo que no se ve desde fuera: desprenderte de cosas que te costó mucho conseguir tiene su peso. No es el valor material. Es lo que representan. Son el recordatorio de que lo lograste, de que saliste de aquel apartamento con cucarachas. Soltarlas para apostar por algo nuevo requiere una convicción que no se compra. Y eso, para mí, vale más que cualquier coche.
Puede que esto os suene lejano, o puede que os suene muy cercano. Muchos de vosotros habéis invertido ahorros en proyectos que no sabíais si iban a funcionar. Habéis dicho que no a un ascenso para montar algo propio. Habéis dejado de comprar algo que os apetecía para invertir en formación o en una idea. Si es así, sabéis exactamente de lo que hablo. Es aterrador y liberador al mismo tiempo.
Por qué os cuento todo esto
Porque creo que hay una epidemia de gente que habla de emprender, de IA, de construir negocios, sin haberse jugado absolutamente nada. Y estoy harto.
Creemos en Dios pero no somos religiosos. Creemos que hay un plan y que es superior a nosotros. Y lo que sabemos es que el amor y el buen hacer es la única tangente que podemos respetar.
No os estoy pidiendo que vendáis vuestro coche. No os estoy pidiendo que hagáis nada que no queráis hacer. Lo que os estoy diciendo es que nosotros nos lo hemos jugado. Todo. Y lo hemos hecho porque creemos que Frontera puede cambiar la forma en la que aprendemos, comunicamos y compartimos conocimiento de manera interactiva para emprendedores y creativos en el mundo transgeneracional en el que vivimos.
Y el resultado es que solo unos días después hay más de 1.200 personas dentro de la plataforma.
Eso, viniendo de donde venimos, sin publicidad, sin partners, sin inversores, solo con vosotros y con nuestro trabajo, es algo que me emociona más de lo que puedo expresar en un email.
La gratitud que no cabe en un párrafo
Nunca me habría atrevido. Nunca nos habríamos atrevido a tirarnos al vacío como padres y a empezar desde cero otra vez si no fuera por vosotros.
Por los mensajes que recibimos. Por saber que no somos los únicos que quieren vivir de algo que realmente les apasiona, que quieren vivir de un impacto positivo. Cada email que me mandáis diciendo "tío, esto me ha ayudado", cada comentario, cada persona que entra en Frontera y nos escribe para contarnos lo que necesita, todo eso es el combustible.
Uno de vosotros me escribió hace tiempo algo que se me quedó grabado: "No te seguimos por lo que nos cuentes, sino por ti y por tu capacidad de coger lo que sea, ponerle pasión, hacerlo grande y transmitirlo de la manera que solo tú sabes hacerlo." No tengo palabras para eso. Solo tengo trabajo que ofrecer a cambio.
Y eso es exactamente lo que vamos a hacer. Vamos a compartir el proceso con vosotros. Vais a ver cómo crece Frontera. Vais a ver exactamente cómo lo desarrollamos, las decisiones que tomamos, los errores que cometemos. Esto lo estamos haciendo juntos. Es un camino que recorremos con vosotros.
Lo que os espera
Si todavía no habéis entrado en Frontera, os cuento lo que tenéis disponible ahora mismo.
Todos los que estéis en el portal tenéis una cuenta gratuita. No hay trampa. No hay letra pequeña. Es vuestra.
La primera guía de Inteligencia Profesional ya está lista y es completamente gratis. Es completa, está diseñada para ser divertida de hacer, y la podéis probar ahora mismo. Es exactamente lo que habríamos querido tener nosotros cuando empezamos.
Podéis probar Sherpa. Es una de las cosas de las que estamos más orgullosos y queremos que la probéis y nos contéis.
Y en marzo arrancamos con el primer directo de la plataforma y muchas más cosas que vienen de camino: entrevistas a otros emprendedores, contenido nuevo cada semana. Va a ser una comunidad muy viva, os lo aseguro.
Escribidnos. Dadnos feedback. Decidnos qué cosas veis, qué os falta, qué os sobra. Esto es vuestro tanto como nuestro.
Este mail es, en el fondo, un agradecimiento. Un agradecimiento por confiar en nosotros. Por estar aquí. Por leer estos emails. Por tomarnos en serio cuando decimos que queremos hacer las cosas de otra manera.
Nos lo hemos jugado todo. Y lo haríamos otra vez.
Seguimos...
Pablo De Rosacruz
